sábado, 5 de noviembre de 2005

La Revolución de nuevo

I
Ser una buena persona, ser honesto y generoso y no ser individualista y pretender y soñar con un mundo mejor, es revolucionario, no tengo dudas.


II
¿Qué decir de los hechos de ayer en Mar del Plata? América TV (el equipo periodístico de Largando Roña) se hizo una panzada con "el salvajismo", con el panchero al que le rompieron el puestito y con que los manifestantes tenían gomeras de gran potencia (sic). Esas imágenes intercaladas con entrevistas a comerciantes que no podían creer que les hubiera pasado eso, porque eran pobres, vio, y yo pensaba que los pobres no me iban a hacer nada, mezcladas con el fuerte discurso de Kirchner y la cara de Bush y Chávez y Maradona, todo rapidito así volvemos a Largando Roña y ¿su ladero? Román Lejtman que están en la calle frente a los comercios arrasados por el vandalismo.

III
¿Qué decir? Mi hermano estuvo allá. Me contó que la marcha y la reunión en el estadio mundialista fue una verdadera fiesta, una reunión pacífica, hombro con hombro todos caminaron hasta la cancha y allí escucharon los discursos y vivaron a los héroes latinoamericanos y soñaron juntos que -todavía- los pueblos pueden luchar por hacer su historia y no solamente sufrir decisiones ajenas. Que había delegaciones de muchos países de nuestra América. Que se cruzó con un cubano en el baño, con quien tuvo el siguiente diálogo:
-El otro día lo vimos a Fidel, con Maradona... -dijo mi hermano.
-Ah, sí, yo lo vi un ratito.
-Está viejito, Fidel.
-Sí, está viejito... ¡pero fuerte!
Entonces mi hermano preguntó tímidamente:
-¿Y cuando se muera Fidel?
-¡Pues, haremos la Revolución de nuevo! Estamos nosotros, ¿o para qué estoy yo? Están mis hijos, y los hijos de mis hijos... Claro que haremos de nuevo la Revolución.

IV
Después pasó lo de después. Habían sido 40.000 en el estadio, sin el menor hecho de violencia. Por el contrario. Pero -como se esperaba: TODOS lo esperaban- aparecieron los extremistas.
Para protegerse, mi hermano se metió en un bar, a tres cuadras del foco del conflicto. Al rato -me cuenta- entró allí un grupo de una decena de hombres. Se sentaron. Hablaban por teléfonos celulares. Es muy difícil determinar ciertas cosas, deslindar los hechos objetivos de las percepciones; la percepción de mi hermano es que esa gente coordinaba, o al menos miraba con buenos ojos la violencia desatada. Violencia sin sentido: yo no soy un pacifista acérrimo y a cualquier precio, pero un tipo que se roba alfajores Havanna, ¿qué ideología tiene? Silvio Rodríguez se pregunta en una canción: "si alguien roba comida y después da la vida, ¿qué hacer?". Aquí la ecuación se invierte: si alguien está de mi lado pero después roba alfajores, ¿qué hacer? Ah, uno de los diez hombres que entraron al bar era Luis Zamora.

V
En el post anterior, hecho casi con el fervor de quien trabaja en una redacción, el tono podría haberse entendido como acusatorio hacia los manifestantes. No fue la intención. Tampoco es el de éste: de hecho, no incluiré fotos de la violencia. Solamente incluyo una foto: la mejor de las fotos que me dejan las cumbres gemelas. La publicó el New York Times.
No tengo ganas de que nadie me pregunte qué hacer.
Pero si alguien me lo preguntara, diría que es claro lo que hay que hacer: desde el lugar de cada uno, desde lo que le toque, lo más pequeño, lo más grande, desde lo cotidiano, desde cada gesto. Hacer la Revolución de nuevo, claro.

1 comentario:

Cordelia Gray dijo...

La revolución comienza por escuchar todas las voces (menos los odiosos Spam, obvio). ¡Cuantas restricciones que tiene este blog!, si sabía que era así, no lo votaba.
Y si el propietario de este blog no quiere publicar mis comentarios, me voy a seguir escribiendo, que mis panfletos están en imprenta, prontos a empapelar la ciudad.