domingo, 4 de junio de 2006

La arquitectura de la mentira (I)

A veces creo que la soledad no es un precio. La soledad existe de antes, un escritor es básicamente un solitario más o menos disimulado según los casos, pero un solitario al fin. La escritura es la justificación (porque es una soledad que necesita ser justificada), la defensa de esa soledad. Si lo veo así, el círculo cierra perfectamente, ya que la soledad le dicta la palabra al escritor, y el escritor no puede elegir sacarse esa soledad de encima como si fuera un abrigo pesado un día caluroso.


Pablo Ramos, fragmento de "La arquitectura de la mentira". Texto publicado en la revista Los Asesinos Tímidos, N° 2, mayo de 2006.

2 comentarios:

RAEL dijo...

a mí, mi soledad me dicta la palabra brillante para esta definición.

Gaby dijo...

Hola, Caballero!
Me gustó esto de que "la soledad le dicta la palabra al escritor" y me hizo acordar a ese poema de Pessoa que recitaba "El poeta es un fingidor..."
Y es cierto, en la soledad se escuchan cosas que nos dictan el ruido de nuestras propias ideas y que, en algunos casos, el resultado es magnífico...en otros, el resultado es algo como lo de Bucay, por ejemplo.
Besos