domingo, 15 de junio de 2008

Un final que vale la pena

Si fuera de los que dejan un libro a medias cuando no les gusta, no podría escribir este post. O lo escribiría distinto, criticando a El niño con el pijama de rayas (que en Argentina debería llamarse, para respetar nuestros usos lingüísticos, El chico del piyama a rayas), diciendo que está mal escrito y que peca de uno de los mayores pecados que un escritor puede cometer: la inverosimilitud.

Pero resulta que la última parte del libro está muy bien. El último tercio, digamos. Y después de terminar la lectura, valoré no haber abandonado la novela (además, leí de un tirón las últimas 170 de sus 210 páginas en un viaje Madrid-Valladolid). No es una maravilla, como muchos afirman por ahí, pero está muy bien y creo que vale la pena leerla. Sobre todo por el final.

De qué se trata, eso no se puede decir. Lo pide el autor, lo especifica el editor en la contratapa. Así que quien quiera animarse, anímese. Y después me cuenta.


5 comentarios:

eMe dijo...

Lo que nunca entendí es de dónde salió que es literatura para "niños".

Cristian Vazquez dijo...

Eme: yo leí en algún lado, sí, de que era un libro para niños. "Desde 13 años", leí. Supongo que es porque el autor sólo había escrito anteriormente libros para niños. ¿Usted lo leyó?

Sunya dijo...

A mí tampoco me cuadra que sea para niños pero la librería de "Borders original voices", que patrocina un premio del que este libro fue finalista, lo recomienda para chicos de entre 9 y 12 años. Y, según la introducción, fue finalista de otro premio de literatura infantil.
Yo lo leí a partir de tu comentario, Cristian, y me gustó.
Disiento con que es inverosímil. O, en todo caso, no rescato su final como menos inverosímil. Pero dolorosamente bueno, eso sí.
Octavio

Cristian Vazquez dijo...

Octavio: a mí me parecieron inverosímiles sobre todo algunos de los discursos del niño protagonista y algunas situaciones que no contaré para no revelarle a nadie el argumento, pero que después te cuento por mail o chat. Y en breve publicaré también un detalle que creo que es un error grosero de la edición española (es decir, de la traducción).

Abrazo.

eMe dijo...

Lo leí en la facultad, a instancias de mi profesora de literatura infanto/juvenil y en contra de mi voluntad.
No me conquistó de entrada y lo abandoné, claro que para el final me tuve que amigarme y terminarlo.

Es uno de los pocos libros que regalé (tiré en este caso, ya que tenía una fotocopia provista vaya a saber por quién...)

Saludos.