miércoles, 22 de abril de 2009

No me gustan los microrrelatos

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No me gustan los microrrelatos, qué le voy a hacer. No les encuentro nada de toda esa fascinación de la que últimamente tanto se habla. O sea, me gustan algunos microrrelatos, como me gustan algunos haikus, como me gustan algunos relatos (no micro) con final sorpresivo, como me gustan algunas comedias románticas de Hollywood. Pero así como si uno toma una "antología de relatos con final sorpresivo", después de leer el tercero ya no quiere leer nada más porque no hay nada más previsible que un final que se sabe sorpresivo; así me pasa si tomo una colección de microrrelatos: después del tercero ya quiero pasar a los relatos de verdad.

En fin, todo esto porque anteayer estuve en la charla inaugural de la Semana de Autor que la Casa de América de Madrid le está dedicando en estos días a Antonio Skármeta. La charla -que contó con la presencia de Rodrigo Fresán, Renata Villoro (que leyó un texto de su hermano Juan) y Randolph Pope, un crítico chileno de nombre anglófono- estuvo dedicada a los cuentos en la obra de Skármeta. Obra que comienza, precisamente, con sus únicos tres libros de cuentos (después publicó cuentos en diversos libros, antologías propias y ajenas, pero nunca más un libro de cuentos propio), el último de los cuales finaliza con un microrrelato que le da nombre al libro: "Desnudo en el tejado".

Dice así: «¿Y qué pretendes? ¿Que viva desnudo en el tejado?».

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Cualquier lector de este blog sabe que soy un gran admirador de Rodrigo Fresán. Su texto hablaba de su historia como lector de Skármeta, al que descubrió en la adolescencia, y mencionaba un microrrelato que escribió cuando era muy chico. Se titulaba "Amnesia" y decía así: «En un lugar de La Mancha de cuyo nombre no puedo acordarme». Me parece divertido. Y es que -me parece- los microrrelatos deben ser divertidos o no ser nada (muchos parecen elegir esta última opción).

Cuando me senté a escribir este post pensaba en simplemente citar estos dos microrrelatos ("Desnudo en el tejado" y "Amnesia") y decir que me gustaron. Pero antes de empezar se me dio por googlear, entre comillas, el texto de "Amnesia"; para mi sorpresa, muchos de los 168 resultados que me arroja el Sr. Google no lo dicen como un chiste, sino que se trata de un mero error, una confusión (tal vez psicoanalíticamente analizable) entre los verbos querer y poder del famosísimo comienzo del Quijote.

Y encontré, también, una contratapa de Página/12 de hace muy poquitos días en la que Fresán también echa mano de su microrrelato de infancia, para hablar no de Skármeta sino de Ana María Shua. Y eso porque en estos días se publica aquí en España su volumen de microrrelatos Cazadores de letras. Fresán elogia a Shua, pero yo no puedo evitar ver en todo el artículo una cierta sorna; bueno, quizá soy yo el que pone la sorna. Y es que recuerdo cuando Cazadores de letras se editó hace varios años en la Argentina, y mereció un sueltito en la Revista Ñ, que transcribía el microrrelato que le daba nombre al volumen, "Cazadores de letras".

Dice así: «¡Huyamos! Los cazadores de letras están aq...»

Recuerdo que el suelto de Ñ terminaba agregando lo siguiente: "Así cualq...". Y yo sentí lo mismo.

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No me gustan los microrrelatos, pero ya que Fresán juega con variantes del dinosaurio de Monterroso, me voy a permitir yo hacer lo mismo para cerrar este post. Microrrelato basado en un hecho real. Lo podríamos titular "Skármeta":

«Cuando llegué, Skármeta todavía estaba allí.»

Cuando llegué a la Casa de América, quiero decir, y Skármeta estaba allí, en la entrada, al lado mío, los dos casi solos, él sin saber muy bien por dónde debía acceder, y ya habían pasado algunos minutos de la hora pactada para comenzar la charla. Sí, ya sé que si tengo que explicarlo no tiene sentido. Es que no se me dan bien los microrrelatos. Está bien, tienen razón, me dedicaré a otra cosa...

7 comentarios:

Manuel Abacá dijo...

Me siento un poco cobarde, asintiendo contigo: A mí tampoco me suelen gustar los microrrelatos, pero me gustó este post.

Saludos.

Sebastián Lalaurette dijo...

¡Gran post! Pero me parece que sos (¿eres?) demasiado duro para con el género. A la vista de las nóminas de bestsellers yo debería decir que no me gustan las novelas... Quizás podría decirse que siempre nos gustan *algunas* obras, y no un género en sí.

Cristian Vazquez dijo...

Manuel: asentir porque se está de acuerdo con otro no siempre es de cobardes. Ánimo, je. Y me alegro de que te gustara el post.

Sebastián: voseame, por favor. Y sí, tenés razón, quizá soy un poco duro... Qué sé yo, es como que ya me creé el prejuicio. Debería cruzarme con muchos buenos microrrelatos para cambiarlo, supongo.

Sunya dijo...

Alguna vez escribí un microrrelato del cual no sé si ha tenido noticias, Caballero:

"... Y cuando desperté, Monterroso me robaba la billetera."

No tenía título, aunque tal vez titular un microrrelato es un exceso en el discurso.

Cristian Vazquez dijo...

Je je je je, creo que sí había tenido noticias, aunque no lo recordaba...

Con respecto a lo de titular un microrrelato, probablemente tengas razón. Me imagino un microrrelato con el siguiente título: "El título de este microrrelato es más largo que el microrrelato mismo", y cuyo texto sea: "¿Viste?".

(Lo peor de todo, y por cosas como estas digo que no me gustan los microrrelatos, es que seguro que alguien ya hizo algo así; y lo peor, lo hizo en serio, no en chiste como yo...)

Sunya dijo...

Anoche estaba leyendo algunos pasajes del Ángel Gris. En La Feria del libro en Flores, se habla de una biblioteca de eruditos, cuyos volúmenes revelaban la sabiduría, Para leer el último era necesario pasar por difíciles pruebas. Algunos decían que ese último libro tenía mil páginas, otros que contenía una sola y fatal palabra.
Yo pensaba que el deseo final de quien escribe microrrelatos es hallar esa concisión atómica, equivalente discursivo del Aleph. El camino es arduo, como demuestran los vanos intentos de Monterroso, Shua y míos propios. Pero la tierra prometida, o anhelada, de encontrar ese Verbo infinito y creador me tientan de vez en cuando.

Cristian Vazquez dijo...

Y no está mal esa clase de tentaciones, amigo...