lunes, 4 de enero de 2010

2010

Cada vez que se termina un año, uno tiende a hacer balances, recuentos, a calcular saldos, a pensar si el año fue bueno o regular o malo, a preguntarse por qué hizo lo que hizo y no aquello que quería hacer... Es un poco inevitable; lo que sí es evitable es estresarse o angustiarse o deprimirse por sentir que el resultado es negativo.

Lo bueno es que inmediatamente después de terminarse un año viene otro. Y viene nuevito, inmaculado, con todos los días listos para ser vividos. Como un cuaderno en blanco, que uno abre y se aplica en comenzar con letra redonda y prolija. Cuando yo voy a empezar a escribir en un espacio así, lo que suelo hacer es pasar antes la birome por un papel borrador, para que no manche, para que las virutas de tinta seca que quedan pegadas en el extremo no generen que el trazo comience más gordo de lo normal, o que me deje una cantidad excesiva de tinta que luego pedirá a gritos ser desparramada por una mano torpe.

Esa es la principal diferencia entre la literatura y la vida: que en esta última no tenemos borradores. Pero bueno, ahí está la gracia. Que la vida no es un libro de esos caros, de tapas duras, impresos por megagrupos editoriales y con sobrecubiertas en colores brillantes, sino un cuadernito de esos que se doblan a la mitad y se meten en el bolsillo interior de cualquier campera, en los que se puede tachar sin culpa, de los que se llevan y se traen, se ajan, se gastan... pero en los que siempre hay un resquicio donde agregar una anotación más. Cada tanto la letra nos sale redonda y prolija en el trasiego de la escritura. Y en esos momentos somos plenamente felices.

A vivir, amigos y amigas, que son 48 hojas rayadas...

2 comentarios:

Julia dijo...

Qué lindo lo que escribiste...

Rubén A. Arribas dijo...

Al final, sin darse cuenta, resulta que usted tiene el Síndrome Levrero... Letra redonda y prolija, el cuaderno Gloria, tachar sin culpa, en fin, "El discurso vacío", ese libro que lo dejó a usted medio frío. Ah, las vueltas ocultas del inconsciente.

Un abrazo.

PD: Ya nos veremos en alguna de esas 48 páginas rayadas que dice usted que es la vida (y calculo que nos veremos haciendo equilibrios sobre las rayas, cómo no, no vaya a ser que perdamos la costumbre).